martes, mayo 06, 2008

"Nosotros nunca abandonamos a nuestros mayores".

Por la mañana suena el despertador, un gallo anuncia que el sol comienza a subir, lentamente. Desayunamos con la familia, todos juntos. Denbet mantiene la jaima reluciente y los niños no quieren ir a la escuela pues esta semana es especial porque estamos en su casa y quieren ir junto a nosotros siempre que sea posible.

Y hoy nos vamos a visitar la residencia de ancianos de Dajla. Un lugar sin duda, interesante de conocer. De cómo los mayores tienen un espacio para ellos en una de las sociedades donde la familia tiene un gran peso.

El edificio es amplio, limpio, ventilado, con numerosas estancias, donde permanecen actualmente 40 ancianos. Pero desde un primer vistazo nos damos cuenta que no es una residencia de mayores al uso español como lo podemos interpretar desde occidente.

No es un geriátrico común, es más bien un lugar de retiro, descanso, pues los mayores permanecen aproximadamente no más de cuarenta días en el centro.
En ese tiempo, son atendidos por un médico que los cuida una vez por semana, una enfermera, varios auxiliares y un fisioterapeuta. También disponen de dos personas que cocinan para ellos: carne de cabra, cebada tostada y molida, carne de camello e incluso algunos residentes cuidan de ellos criándolos en un lugar anexo al edificio y ordeñan a las camellas proporcionando leche todos los días del mes.
Visitamos cada habitación y en una de ellas, algo más grande, observamos que es un sitio lúdico donde hombres y mujeres conversan sobre historias pasadas y de días felices cuando estaban en su tierra antes del largo exilio.
Los ancianos rondan entre los 65 y los 85 años y no se les ve tristes, ni olvidados, ni miran hacia el infinito. Con cada visita nuestra, nos saludan extendiendo la mano junto con una sonrisa, nos dan la bienvenida.
*Foto, criadero de camellos gestionados por el centro de ancianos de Dajla.

Hablamos con el director del centro, un señor activo y comunicativo. Nos dice que los ancianos siempre están acompañados por sus familias, es un sitio abierto, un lugar de acogimiento y refugio donde pasan una especie de vacaciones, relacionándose con personas de su misma edad compartiendo experiencias vividas. Lo peor, comenta, son las altas temperaturas que se alcanza en el desierto en verano, unos 50 grados y sólo disponen de un par de ventiladores para paliar el calor.

Y lo mejor, es que si algún residente se queda sin familia que pueda cuidarle, hay otra que se encargará de su manutención.

- “Aquí nunca abandonamos a nuestros mayores…la sabiduría, la experiencia que tienen ellos se tiene que transmitir a las nuevas generaciones para que nunca se pierda…”

Siempre me ha llamado la atención cuando se habla de los “países en vías de desarrollo….”
Cuando, realmente, todos los países estamos en vías de desarrollo, desde esta sociedad occidental, tenemos que evolucionar una vía encaminada al crecimiento humanitario que a veces no se sabe muy bien dónde se encuentra, olvidando a los ancianos en ciudades, esas jaulas infames, desprovista de bondad y repleta de barreras estandarizadas.
Ciudades de hormigón sin sentimientos donde nadie le importa a nadie. Confinando a personas mayores a permanecer solas, obviando sus enriquecedoras experiencias valiosísimas para la sociedad, la cultura, el avance de un pueblo y la transmisión de la memoria histórica.
Y no sólo el concepto de familia desaparece a pasos agigantados, sino la consideración, el respeto a los mayores en los autobuses, en los parques, en los mercados, en los pasos de peatones.

Y viendo la situación en este desierto, donde no hay nada más que arena, creo que el pueblo saharaui sí que nos dan una lección de “vía de desarrollo” que muchos deberían tomar ejemplo.

3 comentarios:

Francisco O. Campillo dijo...

Una vez más -y ya he perdido la cuenta- un excelente post. Lo enlazo desde CAMINANDO.

Antònia P. dijo...

Alicia, a lo largo de la historia vemos que en todas las sociedades evolucionadas se ha tenido respeto y consideración a los ancianos.
En nuestra sociedad, hace 40 años ocurría lo mismo hasta que sin darnos apenas cuenta la juventud se ha convertido en un valor en alza. Tal vez haya influído este culto "a la imagen" que vivimos hoy en día. No hay nada malo en ser joven, decían que es una enfermedad que se cura con los años, ni en querer tener el mejor aspecto posible pero de eso a lo que ahora vivimos media un abismo. Políticos que se ponen botox, operaciones de cirugía estética, quitarse de aquí y ponerse allí hasta quedar convertidos en momias irreconocibles y ridículas. El concepto envejecer con dignidad amando todas y cada una de las arrugas es un valor a la baja.
Y por lo que se refiere a las personas mayores, jubiladas que ya no pueden dar un rendimiento se les olvida o se les aparca en una residencia para que esperen la muerte sin incordiar demasiado. Los hijos tienen que hacer su vida, se suele decir.
Esto de la juventud o la vejez más que un estado físico es un estado mental. No sé cómo explicarlo, es difícil para un joven comprenderlo. A partir de "una cierta edad" te vuelves invisible o eres aquella señora o aquella anciana. Y yo, puedo hablar por mi, soy la misma persona que era a los 20. Quizás más prudente,más serena, con más experiencia pero mis sentimientos son los mismos.
Viví algo parecido a lo que cuentas en Rabuni. Estábamos filmando y mi hija se resistía a filmar a los enfermos hospitalizados. No quería exponer a los ojos de nadie el sufrimiento de los enfermos que, dice, es algo íntimo. Entonces salieron de una habitación 4 mujeres saharauís impresionantes que nos arrastraron literalmente hasta la cama de su padre, un anciano delgado y diminuto que no creo que se enterara demasiado de lo que pasaba. Fota!, fota!, fota! pedían las hijas. Una le ponía bien el elzam, la otra le cogía la mano la otra le componía la barba. Le gritaban al oído que respondiera a nuestro Salam Alekum. En fin estaban orgullosas de estar allí con él, acompañándole.
Nunca lo olvidaré.
Besos.

Alicia dijo...

Hola Antonia,
Es cierto, en nuestra sociedad mediterránea, el respeto hacia la familia y en especial hacia los mayores ha sido profunda.
Incluso entre los vecinos, confianza y amistad. Ahora ni nos miramos a los ojos.
Estamos equivocados, pienso, en relegar a los mayores a un plano invisible. Tienen mucho que decir, y sin embargo se les abandonan en las puertas de urgencias de los hospitales...entre otros.
El concepto de familia lo estamos perdiendo,cosa que no pasa en otras sociedades, supuestamente "en desarrollo". Que razón tienes en lo de "envejecer con dignidad"...otro concepto que los medios publicitarios tildan de prohibir la vejez y tapar lo antiestético. Es triste.
Tu experiencia es además reveladora, que diferencia de mi hospital..donde una vez contemplé a una anciana olvidada en un rincón de la habitación. Era verano, agosto, su familia de vacaciones y ella pasando sus últimos días sola, mirando por la ventana bajo el deprimente escenario de un tejado lleno de píldoras tiradas por los pacientes del último y piso, cigarros a medio apagar y cacas de paloma.
También no se enteraba mucho la mujer, pero carecia además del contacto humano, de que alguien le cogiera la mano, en definitiva de que su familia, sangre de su sangre, estuviera allí en el final de su vida. Lamentablemente, en las sociedades "avanzadas" esto está a la orden del día.
Un beso Antonia!