sábado, mayo 17, 2008

El bote de lentejas.

Tfarrat y Meimuna nos vinieron a recoger esa misma tarde.
Por fin íbamos a distribuir el material escolar en dos escuelas en coordinación con estas fantásticas mujeres saharauis. El primer colegio se llama España, y el segundo, escuela 10.
Tirar un trolley en pleno desierto tiene sus dificultades. Las ruedas se quedaban aprisionadas en la arena y con los kilos que llevábamos teníamos que coger las maletas en volandas.
Y entre carreteras invisibles, llegamos al primero. Un edificio amplio, con un enorme patio. Muchos niños estaban ensayando el desfile para el día siguiente, y entre risas, sujetaban una pancarta donde claramente se leía PAZ.
*Foto niños del colegio España, portando la pancarta para el desfile.
El director nos recibió y nos condujeron a su despacho. Fue allí donde descargamos la mitad del material para este colegio: Ceras, compás, sacapuntas, tijeras escolares, cuadernos, plastelina, tizas, papel pinocho, paquetes de lápices y bolígrafos…una gran variedad para que los niños pudiesen además disfrutar de las manualidades.
*Foto, parte del material descargado de Lápices para la PAZ Sáhara.

Después nos enseñaron las clases y algunos niños nos recibieron con una sonrisa…

La inocencia de un niño..., es indiferente de dónde proceda y en qué país se encuentre en estos momentos. Un niño es igual en cualquier parte del mundo. Arrancar una sonrisa cuesta nada, y allí, con simplemente corresponder, nos parecía más que suficiente.


Recordé las sabias palabras de Albert Einstein: "La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices".
Que actos, palabras, proyectos sugieren llegar a toda costa hacia el desarrollo de la tecnología, los avances médicos, el cese de las limitaciones de las fronteras de la comunicación….y ¿qué esfuerzos se hacen para paliar la tristeza de niños que desde su nacimiento, sufren la injusticia de la política de los poderosos?.
Y aquí mismo, a pesar de la situación de exilio permanente, están ellos, con sed de aprendizaje, sonriendo y siendo felices a pesar de todo. A pesar de que el suelo de la escuela no es uniforme y alguna mesa esté coja..,de que la pintura de las paredes se caiga por la tremenda erosión de este lugar..., ellos siguen pintando con sus ceras maravillosas, la palabra libertad.

En un rincón del aula veo un bote.
Es una lata de leche en polvo. Y de él salen unos bonitos brotes verdes. Pregunto qué es y los niños entusiasmados me dicen: - ¡¡Son lentejas, son lentejas!!.
El profesor sonríe: - “Es una forma de que ellos sepan que el mundo no es sólo desierto y un lugar donde apenas existen las plantas. Día a día todos los niños vigilan los brotes para que nunca les falte el agua. Siempre hay que tener presente la esperanza...

7 comentarios:

Jluis dijo...

Siempre hay que tener presente esa esperanza que brota en las latas vacías.

Precioso post.. como de costumbre.

Un abrzo Alicia.

Alex dijo...

Muy bonito Alicia.
Me encanta meterme y leer lo que has escrito, es como revivir cada vez un poquito nuestro viaje. Lo estas describiendo genial. No dejes de escribir!!!

1abrazo

Observador dijo...

Bonito post, como la sonrisa de esa niña que mira con esperanza de futuro...
Gracias por el material escolar que llegó a los campamentos, ese futuro es posible. Sigue así.Besos

Antònia P. dijo...

Alicia, tu post me ha recordado a mis alumnos. Los niños son iguales en todas partes, les encanta plantar cosas y ver cómo crecen y que están vivas. Recuerdo los semilleros y la emoción que sentían cuando germinaba alguna lenteja, judía o garbanzo...
Este, vuestro proyecto me toca muy de cerca por mi profesión.
Imagino montañas de ceras, de papeles de charol, tijeras y pegamento.
¡Cómo me hubiese gustado estar allí y quedarme y enseñarles a hacer un collage con todos los colores de la esperanza...!
En el próximo proyecto quiero ayudar. Ya me diréis cómo.
Un abrazo

Alicia dijo...

Gracias a todos!
y gracias Antonia, me pondré en contacto contigo.
Muchos besos,

Vagabunda dijo...

Apasionante viaje el que nos cuentas.

Y que bonita esperanza encerrada en ese bote con lentejas sembradas.

Un abrazo ... lleno de esperanza.

Renata Avila dijo...

Me encantó la historia, tanto, que la usé para Global Voices, en mi cobertura del Sahara. Me encantaría que escriban más y nos cuenten esos pequeños detalles del Sahara!