lunes, septiembre 10, 2007

La Ciudad de los Muertos.


En la ciudad de los muertos, donde crecen amapolas,
las mujeres tienden ropa sobre lápidas sin nombres,
los niños entre las tumbas juegan a salvar sus vidas
y se esconden de otros niños, del hambre o de escuadrones.
La ciudad de los muertos ya de mañana agoniza
y no hay quien les represente en las Naciones Unidas.
En todas las ciudades se habita un cementerio
donde se exilian los muertos.
En la ciudad de los muertos no se para el autobús,
cuando la parca se duerma el muerto cenará sin luz.
Un muerto que tirita porque allí siempre es invierno,
te ofrece un cigarrillo, te invita a su mausoleo.
Nadie les tiene en cuenta en el plan nacional,
ni al hacer las estadísticas del Banco Mundial.
En la ciudad de los muertos talaron todos los sauces, es terreno edificable.
La ciudad de los muertos está rebosando vida
y óxido todas las puertas, la alambrada que lo cerca.
El latido de los muertos ha cruzado la autopista
y está acechando tu casa, quiere sentarse en tu mesa.
Los muertos tan vivos habitarán los palacios, las calles y ministerios,
y los Fondos Monetarios. De carne y luz de otros tiempos vistieron sus esqueletos,
cansados ya de estar muertos, de habitar tu cementerio.


Mientras recuerdo la letra de esta gran canción de Ismael Serrano me dicen:

- "Ayer mismo unos niños apedrearon a unos turistas cuando iban en taxi en la Ciudad de los Muertos".
Oigo estas palabras de unos compañeros de viaje justo cuando emprendía mi ruta hacia ese mismo lugar.
Niños cansados de ser el espectáculo y la curiosidad de cientos de personas que se adentran en sus propias casas deciden tirar piedras a los turistas.

Aún es temprano y al final convencí a un taxista para que me llevara a esa parte de la ciudad donde las lápidas forman parte de la vida de ciento de familias cairotas.
El perfil del El Cairo se vislumbra apagado. Una gran capa gris se cierne por encima de las casas. Es la terrible contaminación que sufre la ciudad: unas diez veces superior al indicador global redefinido en octubre por la OMS, por lo tanto es de las primeras ciudades más contaminadas del mundo junto con Karachi, Nueva Delhi, Pekín, Katmandú y Lima.

Y por fin llego a la famosa “Ciudad de los Muertos”. Un lugar vacío de policía turística y zona evitada incluso por los habitantes de la ciudad.
La primera impresión es desoladora.


Este barrio marginal que es un gran cementerio fue construido por los antiguos esclavos guerreros, llamados los Mamelucos y son los propios huesos de estos combatientes los que están enterrados allí.
Con el paso del tiempo y a falta de vivienda, cientos de personas construyeron sus casas entre las lápidas o directamente dentro de las tumbas y panteones. Aproximadamente hay unas 50.000 personas las que viven en el interior de ellas.

Lo que más llama la atención nada más llegar a la ciudad son las infraviviendas existentes en pequeños barcos en el Nilo, o las paupérrimas chavolas construidas en las azoteas de los pisos. Muchos sin electricidad ni agua corriente.
Y así casi 15 millones de egipcios se ven obligados a llegar a estos extremos ante la penosa falta de un lugar en donde vivir.
Camino por pasillos polvorientos y observo como los vecinos han construido sus propios negocios y fábricas, hasta colegios.
Unas cuantas ovejas se pasean entre los panteones y los niños juegan entre las tumbas. Las mujeres tienden la ropa como pueden y la mezquita del barrio llama a la oración. Una simbiosis de la vida y de la muerte. Una ciudad dentro de otra ciudad.

Muchos niños, algunos harapientos, descalzos sonríen alegres y me piden el habitual euro mientras que se tocan la boca en señal de hambre.
El miedo a no llevarse algo al estómago supera con creces las típicas historias de terror que hablan de cementerios.
Muchas viviendas enganchan luz a cables eléctricos ilegalmente y desvían conducciones de agua. Y el sistema de alcantarillado deja mucho que desear, como la recogida de basuras, que es un gran problema, no sólo en La Ciudad de los Muertos, sino en todo El Cairo.

La letra de Ismael Serrano suena otra vez en mi cabeza. Es cierto, aquí no hay nadie quien les represente en las Naciones Unidas.
No hay nadie que se acuerde de ellos salvo en los folletos de excursiones opcionales
.
Y quizás somos nosotros los muertos, los que nos adentramos en su mundo de lápidas. Y a pesar de esa pobreza, los ojos de los niños están repletos de una vida que hacía mucho que no contemplaba.

5 comentarios:

Carmen F. dijo...

"A menudo, con tal ahínco deseamos ser ángeles en el cielo, que nos olvidamos de ser hombres en la tierra."
San Francisco de Sales.

Me parece increíble lo q cuentas Ali... y muy significativa esa simbiosis de vida y muerte, q incluso se confunden sin saber muy bien quienes son los vivos y los muertos... es algo tan aterrador y a la vez revelador...

Gracias por compartir con nosotros estas experiencias q tanto nos hacen crecer y reflexionar...

Un beso enorme, guapa.

qaesar dijo...

Aún hay quien se extraña de la ola de inmigrantes que nos llega persiguiendo un sueño. Lo increíble es que no se levanten también los muertos y echen a andar hacia el norte para exigir lo que Occidente les robó en vida. Pero todo llegará.

Bssssssss
César

Joaquina dijo...

Como ésta, algunas de las canciones de Ismael Serrano hablan de l@s olvidad@s, de aquellos que poco o nada tienen y de su lucha.
Saludos,

[La otra agenda] dijo...

Gracias por este relato. Imprescindible, revelador.

Observador dijo...

Relato estremecedor, estos habitantes del Cairo sólo interesan a algunos turistas en su excursión opcional de tour operador. A buen seguro que los beneficios de estas excursiones no se comparte con los habitantes de esta barriada, en fin como siempre gracias por compartir estas vivencias, y recordarnos que otro mundo es posible.