martes, marzo 22, 2011

21 gramos de nuevo.

Un niño palestino asesinado por el bombardeo de un tanque israelí, en la cama del hospital donde fue trasladado.- AFP PHOTO / MOHAMMED ABED.
Me resulta tan terrible seguir contemplando imágenes de menores palestinos muertos. Víctimas de fuegos cruzados, artillerías últimos modelo, balas perdidas, bombas selectivas... En definitiva estos niños encuentran la muerte en cualquier esquina, a cualquier hora y sin ningún miramiento. Hoy mismo, es otra vez noticia la locura del conflicto palestino-israelí y entre las víctimas, ocho palestinos han muerto esta tarde en la franja de Gaza a causa de la artillería israelí, según fuentes médicas palestinas. Dos de ellos eran menores de edad y pertenecían a la misma familia. Los dos niños han perecido en uno de los ataques y estaban jugando al fútbol delante de su casa.

Ahmad Bahaa y sus dos hermanos Osama de 9 años y Salam de 6 fueron asesinados en un tiroteo próximo a una escuela, en el 2007. Han pasado cuatro años y aún sigo sin olvidar el rostro de Ahmad que apareció en diferentes medios de comunicación en este mundo global, tan habituado y tan relajado al dolor ajeno.

Vuelvo a preguntarme si las víctimas de hoy, como las del pasado, (¡tantas!)conservarán esos 21 gramos que pesa el alma, esos 21 gramos que desaparece, de forma misteriosa cuando fallecemos. Otra vez 21 gramos: el peso de 5 monedas de 5 centavos, el peso de un colibrí, de una chocolatina...
Me pregunto si los asesinos tienen alma. Los terroristas que con su silencio permiten masacres intencionadas, imponen sanciones contra un pueblo indefenso, bloquean sueños de libertad y sesgan cualquier atisbo de esperanza. Me pregunto cómo se puede liquidar la vida de un niño, que es la personificación de la inocencia, de la vida.

El diálogo sigue siendo silenciado por la violencia y la sinrazón. Aparece y renace la muerte, aleatoria, cruel y despiadada. Esa muerte que se extiende inexorablemente por calles, casas, caminos y patios de colegios. Decidme, ¿Cuánto pesa la vida? ¿Cuánto pesa la esperanza?
...y eso dicen, que en el preciso momento de la muerte, perdemos 21 gramos, que es el peso, que estoy segura, todavía conserva Ahmad, y todas las víctimas inocentes de los conflictos interminables, en el preciso instante que una cámara fotográfica captura miles de muertes dormidas.

3 comentarios:

escuchando palabras dijo...

La vida es tan efimera q debe pesar poco pero mucho pesan las esperanzas, la crueldad o el sin razon q a muchos le tocan pasar, besos

Raquel dijo...

Ahmad Bahaa y sus dos hermanos, así como cada uno de los niños y niñas a los que la sinrazón y la violencia se han llevado y se siguen llevando por delante, tienen en mi corazón un lugar, porque ni estoy habituada ni mucho menos relajada hacia al dolor ajeno, al igual que muchísimas personas alrededor del mundo y eso es lo verdaderamente importante, saber que somos muchos quienes condenamos la violencia y que sentimos la necesidad de compartir el sufrimiento ajeno, de denunciarlo de alguna manera. Un saludo.

nochesinluna dijo...

Dejemos que los niños sigan vivos.
Démosle tiempo para respirar y ver crecer la hierva, bañarse en el mar en el verano, sentir la lluvia sobre su cabeza, mirarse en el espejo, montar en bicicleta, jugar con sus amigos, ir a la escuela, crecer y decir Madre, sentir las caricias de una mano.
ENAMORARSE.