miércoles, octubre 07, 2009

No quiero más.

Son sombras que se difuminan al caer la noche. No se esconden. Son niños-espectros sin identidad, ni ubicación. Inhalan pegamento por las calles de Katmandú. Así se pasan la tarde mientras que la luz del día cae, irremediablemente en este rincón de Nepal. Un valle extremadamente hermoso que surge entre montañas y la quietud de una brisa fresca proveniente de la cordillera del Himalaya.

Un chaval borracho de química...me pide dinero, me tira la bolsa que contiene el pegamento. La bolsa se resbala hasta llegar a mis pies. El niño, tambaleándose repite una y otra vez: - No quiero más, no quiero más...
Se cae, se vuelve a levantar. Sus ojos no enfocan. Apenas llega a los diez años. Totalmente drogado se va arrastrando hacia la bolsa que había rechazado.
La vuelve a coger e inspira lentamente.
Es duro contemplar un niño drogado, no sé cómo explicarlo. Salvo que impresiona, duramente, en forma de bofetada.

Me dicen que estos niños que vagabundean por las calles han sido abandonados por sus propias familias, otros son víctimas de mafias que les obligan a pedir dinero a los extranjeros. Según la organización Child Welfare Society ha denunciado que en Nepal existen más de 11.000 niños de la calle, la mayoría entre 13 y 16 años. Casi todos son varones ya que la opinión pública es muy crítica con las niñas que están en la calle y tiende a considerarlas más que víctimas, culpables de cualquier agresión que puedan sufrir, por el sólo hecho de no haberse quedado en casa.
El consumo de drogas tiene serias consecuencias para los niños. La inhalación de cola industrial produce sensación de ligereza, alucinaciones ocasionales, pérdida de apetito y náuseas. A largo plazo puede afectar a los pulmones, daños irreversibles en el cerebro y los riñones y un deterioro de la salud general. Además detiene su crecimiento, y hace que el aprender nuevas cosas sea un verdadero reto para ellos.
Entonces, decidme que futuro les aguarda a estos menores. Que tipo de adultos llegarán a ser.

Cuatro chicos se acercan al niño drogado. Le agarran del raído jersey y le arrastran hacia al otro lado de la calle. Y todos juntos se ríen, algunos aparentan seguridad, una juventud escandalosamente explícita. Sorteando coches, bicicletas, motos con total imprudencia.
Y no sé por qué recuerdo las palabras de Jaime Gil de Biedma :
Que la vida iba en serio,

uno lo empieza a comprender más tarde

como todos los jóvenes yo vine a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería y marcharme entre aplausos, envejecer, morir,
eran tan solo las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir es el único argumento de la obra.



5 comentarios:

Observador dijo...

Duro relato de tu paso por Nepal que me recuerda algo que me paso en un viaje a Barcelona y ese niño pidiendome con los ojos desorbitados un poco de dinero para comer por que el hinalar pegamento destroza toda esta infancia.
Yo tambien te sigo buscando querida Alicia,por la red.

Belén dijo...

La verdad es que si, hay muchos niños que sufren la vida condenada de los mayores y se drogan...

Muy duro

Besicos

Kareem dijo...

Que duro debe de ser inhalar pegamento que mata cualquier esperanza de futuro y que atrapa en las redes de la corrupción. Les hemos condenado en un mundo de mayores y sin infancia.

emma dijo...

Es horrible lo que cuentas, Me recuerda a Etiopia, donde he estado hace poco, como sabrás con casi cien mil niños de la calle solo en Addís Abeba, muchos mascando khat para olvidar; las niñas con la cabeza rapada simulando ser los niños que no son para evitar agresiones. La historia se repite, variando los elementos, en todas las ciudades y países empobrecidos del mundo. Cuanta injusticia...
Un saludo

Alicia Mora dijo...

Hola Emma, si es cierto.Diferentes escenarios, las mismas víctimas.
Parece que esto nunca va a cambiar..eso es lo triste.