martes, abril 14, 2009

Escuela Edo Gojola.

*Niñas de la escuela Edo Gojola, Etiopía. Foto A.Mora.

Estábamos preparados para llevar el material escolar a dos de estas escuelas alejadas del mundo y la civilización. El Ministro de educación de Zway se presentó en la misión junto con un funcionario para supervisar la entrega y para esto tuvimos que realizar un inventario de todas las cosas que íbamos a donar.
También con este acompañamiento se encargaban de que todo el material estuviese seguro bajo llave para que nadie pudiera llevárselo y venderlo.
Y así tres personas delante del coche y nosotros cuatro detrás junto con todo el material en la parte superior y detrás nuestra íbamos tan contentos a la primera escuela de Lápices para la Paz: Edo Gojola que se encontraba a más de quince kilómetros, en pleno desierto sin apenas carreteras ni caminos rurales.

Llegar a la escuela resultó más complicado de lo que esperábamos. Debido a la sequía se formaban constantes remolinos de tierra que se introducían en el coche con total impunidad, salpicándonos de arena hasta arriba. Al cerrar las ventanas, pudimos ver cómo llovía tierra y polvo. Una tempestad naranja que nos envolvía y apenas se distinguía el camino.
El conductor de la misión estaba familiarizado con la ruta porque no dudaba ni un segundo en elegir uno u otro sendero invisible, bordeando grietas de un reciente movimiento de tierra, esquivando piedras, maleza, árboles secos.

Pudimos distinguir unas viviendas rurales que son conocidas generalmente como tukuls. La mayoría de éstas, las paredes de las casitas están cubiertas con una mezcla de paja y arcilla.
Los niños al ver el coche salían corriendo detrás nuestra. Eran apenas bebés de dos años, totalmente autónomos, cubiertos de suciedad y semidesnudos. Gritaban con una sonrisa de oreja a oreja y nosotros saludábamos con las manos. Es un gesto universal que respondían estos pequeños con sus manitas mientras correteaban por la tierra con sus pies desnudos. Sus caras eran de auténtica felicidad. Junto a ellos se les añadían perros de todos los colores, ladrándonos a nuestro paso defendiendo su territorio.

Cuando llegamos a Edo Gojola el coche no podía llegar a la escuela. Unos matorrales nos lo impedían. Me pregunté por un momento cuanto tiempo hacía que un coche no venía a esta parte de Etiopía.
*Foto escuela Edo Gojola.

La novedad de nuestra visita corrió como la pólvora. En cuestión de minutos vino casi todo el poblado a vernos y a saber qué traíamos en el coche.

Cuando se consiguió que el coche llegara junto a la escuela rural por fin pude observarla detenidamente. Unas enormes cruces estaban pintadas en las ventanas. La única estructura de ladrillo en kilómetros. Saludamos a los lugareños y enseguida salieron los profesores. Entonces pregunté por el director y me presentaron a un hombre maduro de unos cincuenta años, con pantalones y camisa raída con grandes agujeros en la tela. Sus zapatos estaban resistiendo audazmente el paso del tiempo y su aspecto no difería en absoluto de cualquier mendigo de una ciudad occidental.

Me quedé algo impresionada y le tendí mi mano. Su tacto era lija y fui recibida con una amplia sonrisa que dejaba entrever su escasa dentadura y unos ojos cargados de historia.

El director nos presentó a los profesores y después comenzamos a descargar todo el material y a montar la estantería para poner todos los libros. En un espacio mínimo pusimos la estantería y tuvimos casi una treintena de hombres mirando nuestra labor.
*Alumno sonriente de la escuela rural. Foto A Mora.
Al visitar las aulas dimos un cuaderno y un bolígrafo en mano a cada alumno y alumna de la escuela. Sus rostros estaban atónitos y boquiabiertos.

Contemplando a estos niños recordé una encuesta dirigida de UNICEF, donde sirvió como evidente recordatorio de que más de 7,8 millones de menores etíopes -de los que 4 millones eran niñas- no recibían educación.
La razón más importante para no asistir a la escuela (la que dio el 69%) fue que los progenitores no podían pagar la matrícula escolar. A eso se añadía la falta de materiales escolares, la segunda razón más importante dada por el 29%; las familias no podían comprar los artículos básicos como uniformes, libros, lápices y papel
.
Otros obstáculos que se observaron en la encuesta fueron que los niños y niñas permanecían en sus casas para trabajar (18%) y para llevar agua (8%); y que tenían que recorrer un largo camino andando (13%) o no había nadie que les acompañase a la escuela (7%).
*Alumnos de Edo Gojola. Foto A.Mora.

Ya nos lo repetía los profesores en esos momentos: algunos de los menores acudían a sus aulas y poco después se iban corriendo a sus casas para sacar a los animales. Muchos niños y niñas de los colegios rurales sólo pueden ir a clase por turnos debido a que tienen que atender las tareas del campo y llevar a las vacas a pastar. La mayoría caminaban más de diez kilómetros para acudir a sus aulas. Antes de que las Salesianas construyeran estas escuelas que después cedieron al Gobierno etíope para su gestión caminaban más de quince kilómetros.

Según parece el gobierno de Etiopía ha prometido conseguir antes de 2015 como uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio una enseñanza primaria gratuita para todos.

Pero observando la nada más absoluta en estas aulas se hace harto difícil pensar en ese objetivo que suena a acto de fe. Nuestra primera escuela había pupitres solitarios, muy pocos alumnos. Y los que se encontraban sentados se les notaba cansados, algunos estaban descalzos y sujetaban bolígrafos rotos con cuadernos tan gastados y tan sucios de tierra que apenas se podía leer algo.

Dejamos más de 400 libros, material didáctico, pósters visuales de anatomía y mapas políticos, material de escritura, cuadernos…. y observando todo colocado en la estantería me pregunté lo poco que parecía en este colegio tan paupérrimo y tan necesitado.

8 comentarios:

Sakkarah dijo...

Una maravillosa labor...Admiro a los que la llevan a cabo.

Un beso.

Anuskirrum dijo...

Las fotos revelan afanes, esos rostros de los niños, que llevan cargada en su mirada la sabiduría que da la lucha por la vida.
Impresionante todo lo que aportais a esos pueblos, agradecidos seguramente, encantados de recibir buenas nuevas a través de vosotros.
Los libros y demás materiales les abriran una puerta a la esperanza y al conocimiento.

Adelante con vuestra maravillosa labor¡

Un saludo

Mª Mercè dijo...

Pienso en la satisfacción que debéis tener al saber que vuestro esfuerzo puede ser útil para muchas niñas y niños.

Un abrazo solidario!!

Francisco O. Campillo dijo...

Sabes que admiro la labor ejemplar de LÁPICES.

Así que te he dejado dos sonrisas en CAMINANDO; aquí te dejo un besote ;-)

Observador dijo...

A la vuelta de vacaciones me encuentro con este colegio y con esa aventura de llevar material escolar para el avance de ese país.
Emocionante también la otra aventura: la del saber.
Besos

joaquina dijo...

Me ha entristecido leer, una vez más, sobre la difícil situación humanitaria en Etiopía. A la vez m han dado ganas de haber estado allí con vosotras. Os he dedicado una breve entrada en mi blog: http://olvidados.blogia.com/2009/041501-etiopia-y-lapices.php
Abrazos!

Fátima. Mamá adoptiva en Costa de Marfil dijo...

Es triste que en los tiempos en los que vivimos todavía haya niños que no tienen ni para un lapiz. Es increible!! que mal repartido está el mundo¡¡ Felicidades por vuestra labor.
Bicos
Fátima

Anónimo dijo...

Sorprendentes imágenes que veo desde el Caribe.
Zenia Regalado

http://imaginados.blogia.com