miércoles, marzo 25, 2009

Hambre.

*Niño desnutrido en la balanza de peso del programa de nutrición de la misión salesiana. Foto, A.Mora.

Si tuviese que describir en una sola palabra este país Etiopía, diría hambre. Una sola y única palabra. Aún resuena en mi mente el principal objetivo del milenio marcado por la ONU. Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015 la proporción de personas que sufren hambre y las personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar diario.
Más de 840 millones de personas en el mundo están desnutridas. Anualmente mueren seis millones de niños menores de cinco años como consecuencia de la desnutrición. Estos datos son más que conocidos por los integrantes de ONU, los mismos que propusieron unos objetivos que antes de que saliesen publicados ya estaban condenados a no cumplirse.

Aún retumba en mi cabeza más si cabe que antes al contemplar cómo mujeres con mirada cansada con sus niños a cuestas en la espalda por un ajado trapo se acercaban a una sala que está justo a las puertas de la Misión. Vienen al programa de nutrición de las Salesianas. Único en la zona. * Mujeres recorren más de 10 kilómetros para alimentar a su bebé y así mismas. Foto A.Mora.
Llegan caminando desde lejanos poblados. Con ropas llenas de polvo y arena. Con capas superpuestas de suciedad a falta de agua debido a la incesante sequía. Me admira la capacidad de supervivencia de estas mujeres. Aquí el hombre es el que come primero y la mujer y los niños comen después y sólo cuando ha quedado algo de comida. El no comer es lo normal para la mayoría de los niños. El ir a dormir sin tomar ni un trozo de pan es común.

El hambre normalizada. Qué violencia y qué acto de injusticia se comete diariamente en los países más desfavorecidos. Qué indecencia y qué inmoralidad que niños mueran por no tener nada con qué alimentarse.
*Niño bebiendo leche especial para desnutridos. Foto A.Mora.

Ya lo dijo Médicos Sin Fronteras respecto a la desnutrición infantil: ésta no recibe suficiente atención internacional. A pesar de su decisivo impacto en la mortalidad infantil y en la salud a largo plazo, el tratamiento y la prevención de la desnutrición no han sido cuestiones lo bastante prioritarias en la planificación y los programas de salud pública internacionales y nacionales. Pero sin embargo y suena irónico, en cualquier sitio de Etiopía puedes encontrar una botella de Pepsi antes que un trozo de pan para un famélico niño.

Aquí el hambre es crónica. La misión está dando respuesta a unos 100 niños que llegan en un estado considerable de malnutrición. En el programa de nutrición de las sisters donde se trata tanto a la madre como al hijo, se consigue que los niños (en su mayoría llegados por debajo del 70% del peso normal) alcanzan un porcentaje normal y se les incorpora al Suplementary Feeding (reciben 10 kg. de faffa (una especie de pasta multiproteínica administrada cada 15 días) para evitar una recaída del niño.

Lo primero que hay que hacer es pesar al menor. Son pequeños que se levantan con una mano. Pesan tan poco que parecen que pueden volar. Tienen la piel seca, cuarteada, sobrante, esperando ser nutrida y a muchos les cuesta llorar. Apenas tienen fuerza.

Saludo a las madres, tocando sus manos. Están también resecas, como lijas y a pesar de todo el sufrimiento que llevan en sus almas, sonríen. Reconocen que tienen suerte, están dentro de un programa de nutrición y esto es aquí en Zway, una verdadera excepción en medio de la desolación. La misión es verdaderamente un paraíso para ellas y los niños y niñas pueden al menos, comer más de una vez al día.

Mamy, enfermera de la misión me recibe amablemente. Una mujer trabajadora y cariñosa con todas las mujeres que participan en el programa de nutrición. Lleva un exhaustivo registro de todos los niños. Peso, talla, nombre, tipo de alimentación. Junto a ella está Sister Inés, una mujer de 73 años. Se apoya en un bastón y así caminando poco a poco realiza una actividad de lo más dinámica y eficaz.
Le saludamos con dos besos, la noche anterior nos esperó hasta que llegamos a la misión y hablamos muy poco porque pronto se fue a descansar. Nos entendemos medio en español y medio en italiano. Le damos todas las medicinas que pudimos transportar en nuestras maletas y no hacía más que agradecérnoslo. Para mí eran pocas pero aquí es todo un mundo.

Mamy nos habla de alguno de los bebés. Pregunto por un niño pequeño, de apenas cinco kilos y medio y me dicen que tiene más de un año. No puedo evitar emocionarme por la dureza de contemplar sus pequeñas y delgadas piernas. Cómo se aferra desesperadamente a ese pequeño trozo de pan...., y salgo por un momento de la sala para poder tomar aire.
Continuará....

9 comentarios:

dirnaa dijo...

te quedas sin palabras.
que mundo mas injusto.
fotos extraordinarias.

Martikka dijo...

Indecencia: tú lo has dicho.

Excelentes fotos.

Observador dijo...

Como es posible que llegue una Pepsi y no sean capaces de distribuir, agua a todas las poblaciones, medicamentos o pan para todos,jodidos beneficios monetarios.
Lamentable que aun no se haya conseguido erradicar el hambre uno de los objetivos del milenio.
Magnificas fotos que ilustran este post y más cuando lo has vivido de cerca. Espero el siguiente aun que como este me haga llorar .Besos

Isabel Franco dijo...

Es sobrecogedor. En estos momentos me cabe el corazón en un bolsillo. Es una proeza cómo logran las madres que sus hijos sobrevivan. Qué importante labor desarrollan allí las misiones. Os envío un abrazo desde el mundo civilizado, lleno de cariño.

algarabia dijo...

Es tan monstruoso, tan inconcebible, tan inhumano que a estas altura el hambre siga segando miles y miles de vidas, que la brecha entre este norte del bienestar y el sur de la miseria sea tan inmensa, que esa crisis generada por auténticos terroristas se vaya a cebar precisamente con quienes menos tienen.
Estoy segura de que ha sido una experiencia durísima, pero seguro que has aprendido mucho. Y sinceramente, espero que algún día empecemos a rebelarnos de verdad en lugar de dejarnos asimilar por los gobiernos y sus hipócritas campañas de ayuda al desarrollo. Me llevan los demonios cuando pienso que está en nuestras manos acabar con tanto parásito de la política, la banca, las multinacionales...

Bienvenida, Alicia, y un abrazo.

Don Walber dijo...

mas que mil palbras basta una foto, donde estan las grandes potencias y hasta cuando con los de arriba y con los de abajoo?
me alegra que este bloog tenga ese merito.
me suscribo desde el bloog "Señor cabildo jatarillaychikña"

dijo...

Descorazonador.
Enhorabuena por tu valor.

Anuskirrum dijo...

No hay palabras suficientes que puedan explicar tanta injusticia.
"A muchos niños les cuesta llorar, apenas tienen fuerza...."
ni siquiera pueden mostrar el mínimo instrumento de rebeldía que serían sus llantos.
Pretendemos ser más felices acumulando bienes materiales y nos estamos dejando el corazón humano embarrado en el lodo de la más basta inmoralidad.

Gracias por tu crónica Alicia
Un abrazo

Alicia Mora dijo...

Occidente olvida muchas cosas, bañado en su falsa opulencia, muchos son meros espectadores de las injusticias, y mientras no nos afecten,no vamos a participar en cambiar la situación.
Esto es la realidad del día a día en esta parte del mundo y soluciones las hay, claro que las hay.
Gracias por vuestros comentarios.