lunes, marzo 30, 2009

Escapando de la enfermedad.

*Niña de madre enferma en el dispensario médico de la misión salesiana. Foto A.Mora.
El Gobierno etíope facilitó a la población la administración gratuita de medicación para el VIH, la malaria, la tuberculosis y los casos de lepra que aún siguen en el país. La presión mediática y los datos abrumadores de la mortalidad infantil: 99,5 por 1.000 nacidos vivos, prevalencia de la tuberculosis 533 por 100.000 habitantes en una población donde un 78% no tienen acceso a agua potable y la terribles estadísticas del VIH en Etiopía hizo posible esta medida. Pero para todo lo demás la sanidad es un bien inalcanzable para la mayoría de la población.

El dispensario médico de la misión está rodeado de árboles con millones de pájaros de colores. Vienen anidar y muchos se quedan aquí por las excelentes condiciones de agua y vegetación. Cuando llegamos, allí estaban Sister Inés y Mamy la enfermera. Es un lugar pequeño, luminoso y aireado que consta de dos pequeños armarios de medicinas. Una camilla, una pequeña habitación con un fregadero y otro armario con leche en polvo y galletas especiales.
Observé que Sister Inés no se sentaba detrás de la mesa, como lo haría cualquier médico. Se colocaba en una silla donde se sentaría el paciente, frente a éste. Y el lugar del “médico” se quedaba vacío hasta que algún voluntario o nosotros mismos registrábamos el nombre del enfermo, patología, peso, etc.

La gente iba viniendo en silencio, en un riguroso orden de llegada. Son personas con un semblante serio en sus rostros. También vienen caminando kilómetros para poder paliar su sufrimiento que se presenta de diferentes y muy variados modos. Etiopía es un país dónde el número de médicos es escaso: 3 por 1.000 habitantes.
El primer caso que vimos fue un menor de unos 11 años que presentaba un vendaje en el tobillo. Supe que era un vendaje porque Mamy comenzó a quitárselo. En un principio parecía una suerte de harapos negruzcos que rodeaban la pierna. Estaba lleno tan lleno de suciedad que apenas se vislumbraba lo que contenía debajo de la tela.
Al final pudimos ver lo que presentaba. Era una úlcera de Kaposi, o más conocido como sarcoma de Kaposi, un cáncer que se origina en los vasos sanguíneos, generalmente de la piel. Esta enfermedad es muy característica de los niños y los varones jóvenes del África, así como de los enfermos del Sida. El niño apretaba fuertemente los dientes cuando Mamy limpiaba la úlcera que estaba en sangre viva. Nos dicen que la falta de agua y la escasa educación en higiene, las heridas tardan meses en cicatrizar.

Pero la falta de agua para beber también repercute en la hipertensión de los etíopes. Hace unos meses vinieron médicos del Hospital madrileño Ramón y Cajal y llegaron a la conclusión que los altos índices de hipertensión era debido a lo poco que la población bebe agua.
Y si a esto lo acompañas con que la gente llega a ingerir agua de color verde que suele ser lo más habitual, acuden al dispensario con problemas de amebas que son bacterias que viven en aguas contaminadas.

Yo que siempre he trabajado en un hospital, puedo afirmar que los centros sanitarios son el reflejo de la sociedad en que vivimos. De sus dolencias, de sus problemas, de la forma en que la gente se enfrenta a su enfermedad. Y aquí, en un pequeño dispensario médico, maravilloso por la cantidad de disponibilidad de medicamentos, pude comprobar que la gente que acudía era un vivo reflejo de los graves problemas sanitarios del país.
Malaria, tuberculosis, Sida, neumonías, parasitosis, infecciones gástricas, bucales….un crisol de enfermedades donde las personas que acudían se enfrentaba a ellas con total normalidad y aceptación. Sin revelación, sumisamente.
*Sister Inés en el dispensario con una paciente. Foto A.Mora.
Mientras que apuntábamos en un registro los casos del día, vino una chica jovencísima. Se sentó enfrente a Sister Inés y señaló su cuello. Inmediatamente ella supo de qué se trataba. Era una infección de hongos. Me maravilló como cogió una pomada mientras con la otra mano se apoyaba en el bastón. Tranquilizando a la muchacha, le distribuyó la crema en el cuello y muy delicadamente la extendió. Con palabras dulces en amárico y siempre con una sonrisa en su rostro.

Al igual que con todos los pacientes el trato era de una humanidad que conmovía. Con sumo respeto, administraba antibióticos, vitaminas a embarazadas, a enfermas de Sida, medicación para la epilepsia a un niño de ocho años, atendía las fracturas y aconsejaba hábitos de higiene, comportamiento…calmaba el alma de esta pobre gente. De ahí el tremendo respeto de los enfermos que llegaban al dispensario. Saludaban a Sister Inés cogiendo sus manos y ella siempre les invitaba a sentarse frente a ella, tranquilamente, sin prisas.

Qué diferencia de algunos médicos que te atienden con menos de cinco minutos, sin apenas mirarte a los ojos. Y siempre tienes esa sensación de que estás molestando al facultativo.

Supe que este pequeño dispensario era un enorme hospital que atendía eficazmente a una gran parte de la población de Zway. Todas las medicinas que se administran aquí son gratuitas. Es sumamente impresionante la labor sanitaria de la misión. ¿Qué sería de esta gente tan pobre, tan escasa de lo más básico, sin un lugar que palie la situación sanitaria tan precaria y a la vez tan cara en este país?. Qué sería de estas mujeres, de los hombres y los niños que sólo se alimentan de judías y grano durante meses? ¿Acaso escaparían de la enfermedad como hasta ahora? Pasarían a englobar cientos de frías estadísticas. Sin nombre, sin identidad.

Ante estos pensamientos, vino una mujer. Sister Inés ya la conocía. Acude tres veces por semana para administrarle penicilina pinchada intramuscular. Nos comentan que es una mujer extremadamente pobre, con seis hijos que tiene que alimentar y con un marido que padece Sida. Ella ahora sufre de gonorrea.
Se prepara para su pinchazo y la administración es tremendamente dolorosa. Se aferra a la pared y con un gesto de dolor se incorpora después.
Sale de la sala cojeando después de despedirse de todos los que estábamos allí. Su vestido está roto por mil sitios. Remendado por otros tantos rincones con una tela que no es la originaria. La veo alejarse, cada vez más entera, cada vez cojeando menos y al final de dónde puede alcanzar mi vista puedo observar que está caminando recta y con la cabeza alta.

Le pregunto a Sister Inés sobre su marido.
- El marido vino dos veces aquí y ya no regresó jamás.

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Más: Datos Etiopía:
Poblacion: 77.431 hab.
· Esperanza de vida: 47,6 años
· Población urbana: 15,9%
· PIB por habitante: 823 $/año
· Deuda externa total: 6.574 $
· Indice de Desarrollo Humano: 0,367
· Analfabetismo hombres: 50,8%
· Analfabetismo mujeres: 66,2%
· Pob. sin acceso agua ptble.: 78%
· Nº medicos: 3 por 1.000 hab.
· Mortalidad infantil: 99,5 por 1.000 nacidos vivos
· Casos de malnutrición aguda en menores de 5 años: 47%
· Prevalencia tuberculosis: 533 por 100.000 hab.

Fuente:
Informe sobre desarrollo humano 2007/2008 (ONU) y El Estado del Mundo - Anuario económico geopolítico mundial 2008.
*Hoy 25 millones de personas en el mundo han fallecido a causa del VIH/SIDA, y 12 millones de niños son hoy huérfanos a causa de esta enfermedad. 22 millones de VIH positivos en África.

7 comentarios:

Observador dijo...

Y nosotros a la menor tontuna estamos en el medico pidiendo un tratamiento y estas gentes que por no tener no tienen casi ni esperanzas, cualquier grano es un montaña.
Que humanidad refleja sister Inés y a buen seguro que con la ayuda de Mamy y vuestra compañía este dispensario es el mejor de Etiopia. Besos etíopes.

Sakkarah dijo...

Qué buena labor hacen esas gentes tan entregadas...Y tú trayéndonos sus noticias.

Un beso.

Anuskirrum dijo...

El relato del día a día de este dispensario es triste y a la vez esperanzador. Sister Inés sabrá cuantas lágrimas no caen, porque como nos decías en otros post, no quedan ni fuerzas.
Esa escasez de agua que dificulta tanto las curaciones....

Muchas gracias por seguir ahí, Alicia, y enviarnos noticias cada día.

Cuantos casos, cuantas vidas quedan sin contar, con la valentía que encierran en su camino.

Un saludo y mucha fuerza.

Fátima. Mamá adoptiva en Costa de Marfil dijo...

Es increible la labor que hacen estas monjas, y muchos otros religiosos que con los voluntarios y cooperantes están evitando que lugares como Etiopia caigan mucho más en el olvido. Se merecen un reconocimiento mundial.
Bicos
Fátima

dirnaa dijo...

conmovedor, cuanta falta de todo y cuanta humanidad, todos tendriamos que aprender, de Sister Ines, de las mujeres, hombre , niños de Etiopia, de los que nos lo mostrais...
de lo que no sabemos apreciar lo que tenemos, de esa agua que derrochamos y no nos damos cuenta, empecemos con nosotros mismo.... y vayamos aumentando el circulo a nuestro alrededor.

Besines.Gracias

Anónimo dijo...

leyendote consigues trasladrnos...y hasta respirar la humanidad de sister Ines
grcias hermana...por seguir luchando...bicos enormes a todo el grupo de vuestra volvoreta,
ros

Mª Mercè dijo...

Hola Alicia, he leído todas tus entradas desde Etiopía de un tirón y tengo, aún, más ganas de ir a ese país.

Mil besos y abrazos solidarios!