sábado, agosto 09, 2008

Hansel y Gretel.

Me han hecho un regalo maravilloso. Un relato lleno de humanidad, un conjunto de palabras que cuentan una historia dura, verdadera. Es de Rubén de su estupendo blog literario Palacios de Papel: ¡Gracias!.


Quisiera compartirlo, para que su significado se propague por la red. Por un mundo más justo y equitativo para todos.
....
Modou y Aissatou son hermanos. Ella tiene apenas diez años; Modou, casi catorce. Ambos trabajan en una fábrica de papel, a orillas del río Gambia. Él se dedica a talar árboles y cargar ramas hasta la nave industrial que dirigen los hombres blancos; Aissatou limpia las oficinas y, cuando se lo piden, ayuda a meter todos esos paquetes de papel en grandes cajas de cartón marrón que pronto viajarán rumbo a Europa.

Modou y Aissatou apenas recuerdan a sus padres. Su padre era leñador y su madre cuidaba un pequeño rebaño de cabras, de eso sí que se acuerdan. Los dos hermanos hablan frecuentemente de ellos, sobre todo cuando es de noche y hace frío, sobre todo cuando están tristes o cuando se sienten solos.
Modou está cada día más delgado, trabaja demasiado y come poco: apenas puede descansar porque siempre hay uno de esos señores blancos y gordos vigilando que no cese en su labor. Aissatou está cada día más lánguida y más abatida: el dueño de la fábrica aprovecha cualquier momento muerto para encerrarla con él en su despacho y obligarle a hacer cosas de las que ella prefiere no hablar para no acabar llorando otra vez.

Los padres de Modou y Aissatou se marcharon de su aldea senegalesa hace ya más de cinco años, cuando la empresa papelera se instaló a orillas del río y le compró al gobierno todos los terrenos circundantes para extraer la celulosa de sus árboles. Su padre se quedó sin madera que vender a las otras familias y las cabras se quedaron sin lugar en el que pastar.

Algunas noches - esas frías noches en las que ellos se sienten tan tristes y tan solos - los dos hermanos se preguntan por qué sus padres les abandonaron en ese mísero y desagradable lugar, por qué les condenaron a ese infierno de troncos talados y humillaciones insoportables. Modou y Aissatou no recuerdan el hambre, ni la desesperación de sus progenitores, ni la promesa que les hicieron de volver a estar juntos algún día, cuando llegaran tiempos mejores. Abrazados sobre la cama que comparten en la pequeña cabaña, sueñan con el día en que sus padres regresen a la aldea y les liberen al fin de esa amarga existencia que les ha tocado llevar.

Modou y Aissatou desconocen que sus padres se marcharon para buscar un futuro mejor, con el que algún día compensarles por tanta miseria, tanta injusticia y tanta mala suerte. Ignoran que sus padres caminaron durante más de tres años por bosques y desiertos, que cruzaron Mauritania, Argelia y Marruecos viviendo de la caridad y de lo poco que encontraban en su camino, que en el trayecto pedieron a algunos de sus mejores amigos, que contemplaron como los más débiles morían en la travesía, que en más de una ocasión creyeron que desfallecerían y que jamás alcanzarían su anhelado destino.

Modou y Aissatou no saben que sus padres montaron junto a más de veinte personas en aquella barcaza destartalada que se hundió en medio del Mediterráneo el verano pasado, que sus sueños se perdieron debajo en el agua salada y que su recuerdo sería una cifra más con la que engrosar la lista de inmigrantes muertos entre dos de esas líneas imaginarias que la humanidad se empeña en pintar en los mapas.
Modou y Aissatou se parecen un poco a aquellos Hansel y Gretel de la historia de los hermanos Grimm, aunque ellos ni siquiera lo sospechan. Sin embargo, ellos no escaparán de las garras de la malvada bruja, llevándose consigo un saco de monedas de oro con el que acabar con la pobreza de su familia, viviendo juntos y en armonía para siempre. El cuento, por desgracia, no es el mismo según en qué lugares del mundo, no es igual para todos, y no siempre tiene final feliz.

1 comentario:

ElPoeta dijo...

Un hermoso relato, que da mucho que pensar. Un beso con todo mi cariño, Alicia amiga,
V.