viernes, octubre 19, 2007

Que mi nombre no se borre de la historia.

1939. Corrían tiempos oscuros de guerra civil, Madrid caía finalmente por las tropas Nacionales y la ciudad se convertía en un hervidero de venganzas, denuncias falsas y organizaciones de izquierdas en la clandestinidad.

Muchas mujeres fueron encarceladas en la prisión de Ventas, un centro pionero para la reinserción de reclusas. Muy innovador para la época pero que se hacinaban casi 4.000 mujeres cuando su capacidad era de 450 personas.
Allí vivieron sus últimos días trece mujeres condenadas a muerte.

Trece rosas como las llamaron, siete de ellas menores de edad, fueron fusiladas la madrugada del 5 de agosto de 1939 contra las tapias del cementerio del Este de Madrid.
Asesinadas por unos fuertes ideales de libertad, algunas por participar en organizaciones o partidos políticos contrarios al régimen.

Fueron torturadas bajo intensos interrogatorios. Y sus vidas fueron silenciadas a través del tiempo por miedo. Pero cuidadosamente guardada en la memoria colectiva de los que fueron testigos de estos hechos. El escritor Carlos Fonseca recuperó esta triste historia, escondida en los archivos militares, los penitenciarios, los archivos del PCE y las cartas guardadas cuidadosamente bajo la protección de sus familiares y de sus testimonios

Hoy se estrena la película “Trece rosas rojas” y no he podido evitar acordarme de Carlos Fonseca cuando leí su libro.
Cada hoja relata el horror, la injusticia y la perversidad del ser humano. Cómo las guerras degeneran en míseros actos que llevan a la muerte a gente inocente y cómo las fuertes convicciones y unos férreos ideales pueden con mil años de olvido.


Hoy estas mujeres siguen en nuestro recuerdo, que sin conocerlas, aún perdurarán a través del tiempo, pese a quien pese. Y más cuando ahora, la futura ley de la Memoria História , por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura inicia su trámite parlamentario la próxima semana.


El fatídico 5 de agosto de 1939, día del fusilamiento colectivo, Julia Conesa de tan sólo 19 años, escribía sus últimas palabras en una carta de despedida para su familia.

Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente…” “Que mi nombre no se borre de la historia”.


Fueron las trece rosas rojas:
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

8 comentarios:

Carmen dijo...

Ali, qué historia... en cuanto pueda iré a ver la película, aunque seguro q el libro está mucho mejor... cuántas rosas como ellas habrá habido a lo largo de la historia y seguirá habiendo... es increíble...

Bonito post, precioso homenaje... enhorabuena guapa...


Por cierto, quiero contaros algo... se trata de un hermoso proyecto q desarrollan en Guinea unas personas maravillosas y con las q podemos colaborar de forma original y creativa, enviando cosas q sepamos hacer nosotros mismos para luego venderlas en un mercadillo solidario, y recaudar así fondos, además también se puede colaborar enviando libros, ropa, calzado, juguetes... os lo cuento todo en mi blog, por si queréis sumaros a mi "Operación conchitas de playa" ;-)...

Este es el enlace:

http://cantosdesirena-carmen.blogspot.com/2007/10/blog-post.html

Besos y gracias...

PD: Ali, me he tomado esta pequeña licencia de contar esto aquí pq me parece importante y somos un equipo, verdad? jeje ;-)

elprinciperana dijo...

La película parece quedarse algo floja. Leeré el libro...si sobrevivo a "Las venas abiertas de América Latina"...
Un beso chicas.
Os sigo leyendo, aunque esta vida endiablada no me deje tiempo para comentar...

qaesar dijo...

Devolver la dignidad de personas como estas muchachas es uno de los objetivos de la Ley de Memoria Histórica. La derecha troglodita y la jerarquía talibán quieren que se recuerde únicamente a los de una parte, la suya. Que los otros sigan proscritos. Una inmoralidad

qaesar dijo...

Ah, se me olvidaba: estoy muy cabreado

Bsssssssssss

Alicia dijo...

Querido César, te entiendo. Mira los religiosos (de derechas) que han beatificado, mientras que los curas "rojos" no van al cielo, por eso, por rojos y mal vistos.
Yo también estoy cabreada.

Observador dijo...

Recuerdo cuando leí el libro, la indignación se apoderaba de mi, a cada página sentía más rabia. Cuando vea la película, espero que se haya hecho justicia por la muerte de inocentes provocada por unos indecentes salvapatrias. Esos que ahora militan en el PP y que claman contra la Ley de Memoria hístorica ya que ellos pretenden que todos sigamos desmemoriados.
Por cierto, yo también estoy cabreado.

migramundo dijo...

Hermoso homenaje a unos pétalos que todavía siguen sangrando. Hay heridas que no supuran nunca. Por eso se escribe y se hacen películas sobre ellas y sus consecuencias. Saludos.

banderas dijo...

No sé por dónde empezar, si por leer el libro o por ver la película. Supongo que será muchísimo más completo el libro... y siempre se puede recuperar de la estantería ¿no?.

Mi madre ha ido a ver la película y he llegado emocionada, pero claro, hay que tener en cuenta que sufre de rojerío congénito y eso ayuda.

¡¡Seguid siempre así, chicas!!

Bicos ;-)